Una Salud: la intersección de salud humana, salud animal y salud ambiental

Una (sola) Salud (One Health en inglés) es un concepto definido por la Organización Mundial de la Salud como un enfoque dirigido a la colaboración en múltiples estamentos públicos y privados para lograr los mejores resultados posibles de política pública de salud. El Grupo de Trabajo de la Iniciativa One Health (OHITF) lo define como “los esfuerzos de colaboración de múltiples disciplinas que trabajan de forma local, nacional y mundial, para conseguir una salud óptima para las personas, los animales y el medio ambiente”.

Debido a los temores mundiales en torno a los brotes de influenza H5N1 (gripe aviar) de principios y mediados de la década de 2000, la Asociación Médica Veterinaria Estadounidense estableció un Grupo de Trabajo de la Iniciativa One Health en 2006 para promover la asociación entre organizaciones médicas veterinarias y humanas en 2007, y se recomendó un enfoque «una sola salud» como respuesta a los brotes mundiales de enfermedades.

A raíz de estas iniciativas, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) se unieron con el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Coordinación de Influencia del Sistema de Naciones Unidas y el Banco Mundial para desarrollar un marco de trabajo titulado “Contributing a One World, One Health-A Strategic Framework para reducir Risks of Infectious Diseases at the Animal-Human- Ecosystems Interface” en 2008, reiterando las recomendaciones para una salud mundial con enfoque One Health.

La importancia de este concepto en los últimos años cobra aún mayor relevancia por los cambios que se han producido en las interacciones entre personas, animales, plantas y medio ambiente. Y la pandemia de la COVID-19 refuerza aún más la necesidad de ese enfoque multidisciplinar.

La población humana no deja de crecer y expandirse a nuevas áreas geográficas, lo que hace que entre cada vez más en contacto estrecho con animales salvajes y domésticos, aumentando la posibilidad de transmisión de enfermedades zoonóticas. Cabe recordar que, según la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), un 60% de las enfermedades infecciosas humanas conocidas son de origen animal.

Por su parte, el cambio climático, la deforestación o el aumento de la ganadería intensiva son otros factores nocivos para la sostenibilidad del planeta. La ganadería intensiva favorece tanto la transmisión de enfermedades de animales a personas como un elevado consumo de agua y la contaminación del suelo. La deforestación es la causa directa de la pérdida de hábitat de millones de especies, que se desplazan cada vez más cerca de las personas y entran en contacto con ellas.

Asimismo, con los movimientos globales de personas, animales y mercancías, en un mundo cada vez más interconectado, el brote de una enfermedad infecciosa en un país se puede convertir rápidamente, como se ha demostrado recientemente con el coronavirus, en una situación de emergencia mundial con efectos devastadores. Como consecuencia del rápido aumento de los viajes internacionales en las últimas décadas, las enfermedades y vectores de transmisión pueden dispersarse rápidamente a través de las fronteras a nivel mundial.

Desde ADEPAP apostamos firmemente por esta visión amplia y conectada de la salud humana, la salud alimentaria y la ambiental. Y por eso creemos que nuestra actividad debe basarse en la prevención, en las actuaciones integradas e integrales, y en un sistema de gestión de control de plagas y desinfecciones lo más sostenibles posibles y respetuosos con el entorno.

 

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