Métodos mecánicos y físicos para el control de plagas

Los métodos mecánicos y físicos, junto con otros, se utilizan en las estrategias de prácticas de control y prevención integrales de plagas. Así como en un artículo anterior hablábamos de las medidas de higiene y saneamiento del medio, conviene conocer también otras metodologías muy útiles antes de recurrir al uso de productos químicos.

En cuanto a los métodos mecánicos, encontramos los cebos, ratoneras y trampas de captura rápida. Llamamos cebo a cualquier alimento o sustancia que le imite para atraer a una presa y derribarla en una trampa. Las ratoneras, como su nombre indica, son trampas para capturar a las ratas, ratones y otros animales de la familia de los múridos. Por otra parte, las trampas de captura rápida son unas trampas de cartón o plástico muy consistentes que hacen que el animal quede atrapado. Estas últimas se utilizan tanto para múridos como para cucarachas y otros tipos de insectos. Funcionan según el principio de cebo y captura, ya que contienen un atrayente natural que se sitúa en el interior de la trampa.

Los métodos físicos utilizados en los planes de actuación de gestión de plagas o en los de salud ambiental y alimenticio son la aplicación de temperatura, los aparatos insectocaptores y la aspiración. Como norma general, una temperatura elevada (entre 60 °C – 70 °C) permite la desinsectación de objetos o superficies, como podría ser, por ejemplo, el caso de las chinches de cama. Por otra parte, las bajas temperaturas producen la interrupción de la actividad de los organismos o incluso, con un tiempo suficiente, pueden provocar la muerte. Los aparatos insectocaptores, asociados a la luz ultravioleta y de tabla adhesiva, son muy útiles para atraer y eliminar pequeños insectos como moscas y mosquitos. Estos aparatos son silenciosos, discretos e higiénicos, y no existe peligro de que los insectos resulten fragmentados y expulsados del aparato, lo que permite utilizarlos cerca de áreas delicadas. Por tanto, son preferibles a los aparatos de descarga eléctrica, cuya parrilla puede fragmentar y expulsar al insecto, con riesgo de contaminar con partículas otros productos. Por último, la aspiración se utiliza, por ejemplo, para eliminar los ácaros.

Tanto los métodos mecánicos como los físicos se utilizan en el control integrado de plagas. Este sistema permite controlar a los organismos perjudiciales utilizando estrategias de prácticas de control y prevención para evitar que las plagas superen el umbral de daño o tolerancia, así como métodos que minimicen la utilización de biocidas, mitigando o reduciendo al mínimo los riesgos que plantean estos productos para la salud humana y el medio ambiente. Por tanto, los biocidas se usan sólo cuando son estrictamente necesarios.

Los profesionales especializados tenemos en cuenta todos los factores (ambientales, biológicos, la velocidad de multiplicación, el comportamiento, etc.) que intervienen en la aparición y desarrollo de una plaga a la hora de realizar un plan para el control integrado. Todo ello para utilizar los métodos más adecuados, ya sea a través de medidas preventivas (higiene y saneamiento), métodos pasivos (barreras físicas que dificulten el acceso y al máximo posible el refugio y la alimentación), y métodos activos (físicos y mecánicos, biológicos o ecológicos o químicos, minimizando estos últimos en la medida de lo posible).

Esta metodología de trabajo en los planes de actuación de gestión de plagas o en los de salud ambiental y alimenticio representa una forma más sostenible de evitar la proliferación de organismos nocivos minimizando los riesgos para la salud y el medio ambiente.

0 replies

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Deja una respuesta